NUESTRA VIDA A TODO COLOR
A todos nos sucede: planes que no resultan como esperábamos, oraciones que al parecer no pasaron del techo, sueños que se quiebran y desmenuzan sin que entendamos por qué. Aunque seguimos adelante, esos aparentes fracasos se nos suelen quedar grabados en la conciencia con un signo de interrogación. «¿Por qué el desenlace no fue de acuerdo a mis expectativas u oraciones?»
En la película de animación José: El rey de los sueños hay una escena en que después de haber sido vendido como esclavo por sus hermanos y llevado a Egipto, José aparece limpiando el piso en la casa de Potifar, su amo. Se imagina a sus hermanos riéndose y burlándose de él. El resentimiento y la ira que alberga contribuyen a su desánimo.
Por supuesto, si alguien tenía derecho a enojarse y sentirse triste era José. Su propia familia, que hubiera debido protegerlo y defenderlo, lo había traicionado. Los planes que tenía, cualesquiera que fueran, habían quedado trizados en mil pedazos y esparcidos sobre la arena durante su largo viaje hasta Egipto. ¡Su futuro no podía ser más sombrío!
Pero como todos sabemos —y como habría de descubrir José— la historia no termina allí. Pese a sufrir muchas penurias y dificultades más, José terminó ocupando un puesto que le permitió asegurar el futuro de un país entero y al mismo tiempo el de su familia. Además, por medio de todo lo que Dios hizo por él aprendió lo grandiosos y perfectos que son Sus designios. Dios puede tomar los acontecimientos más terribles y convertirlos en esperanza y un futuro prometedor. Los sueños de José se hicieron realidad, pero no como él esperaba, tenía pensado o había soñado siquiera.
Imaginémonos un bellísimo cuadro en la pared de un apartamento. Es obra de un gran pintor y, si pudiéremos verlo en su totalidad nos daríamos cuenta de que ofrece un contraste de imágenes, colores, formas y elementos. Lo malo es que no estamos dentro del apartamento, y solo podemos verlo a través del agujero de la cerradura, de modo que apenas alcanzamos a entrever la parte más oscura y sombreada. Podríamos concluir que se trata de un cuadro tenebroso y deprimente, y preguntarnos: «¿Por qué el pintor no usó colores más vivos? ¿Por qué no bañó el lienzo en luz?»
Muchas veces nos sucede lo mismo cuando analizamos nuestra propia vida. Nos fijamos en los rincones oscuros, las desgracias y lo que entendemos como fracasos, cuando en realidad nuestra vida es un cuadro hermoso, colorido, alegre y luminoso. El problema es que lo miramos a través del agujerito de la cerradura. Si viéramos nuestra vida desde una perspectiva más amplia y abarcadora, notaríamos muchos otros elementos, colores y toques de luz. Esa imagen diminuta se transformaría en la estupenda obra maestra que puede ser a los ojos de Dios.
Tal vez esos rincones oscuros de nuestra vida representan una amistad fallida, una dolorosa ruptura sentimental, una oportunidad de éxito que no llegó a materializarse; o la sensación de que nuestras metas y sueños paulatinamente se van desdibujando por ser la vida como es: complicada, ajetreada y no siempre auspiciosa. Sin embargo, ¡todo eso puede cambiar! Dios es capaz de recomponer nuestro corazón partido si le entregamos todos los pedazos.
Hace poco leí que es imposible decepcionar a Dios porque Él sabe que no podemos ser perfectos. Tiene pleno conocimiento de nuestros fracasos, nuestros reveses y hasta nuestros pecados, y aun así nos ama con mayor intensidad, desvelo y compasión de lo que somos capaces de imaginarnos. Si pretendemos descifrar a Dios o entender cabalmente Su plan, haciendo interpretaciones forzadas de los acontecimientos para que encajen dentro de nuestra limitada perspectiva, terminaremos molestos con nosotros mismos y con Él si las cosas no salen conforme a las ilusiones que nos habíamos hecho.
Él tiene Su propio sueño para nosotros —uno lleno de manchas de luz y mezclas de colores, de gran profundidad y rica textura— y aguarda junto al lienzo con un pincel, listo para plasmarlo. Lo único que tenemos que hacer es darle espacio para obrar y crear algo hermoso.
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1 Pedro 5:7 (NVI) Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes.
Filipenses 4:8 (NVI) Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio.
Filipenses 4:6 (NVI) No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias.
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